Amigos de la Unidad Central del Valle del Cauca (UCEVA) observaron a los niños jugar. Vieron imaginación, aventura y soledad, no por enfermedad, sino por circunstancia. Pensaron: ¿y si un amigo digital pudiera generar siempre preguntas como “¿Y si un pingüino manejara un camión de bomberos?” Así nació Biopochito, un amigo digital incansable, lleno de ideas, tan real como un juguete querido. Biopochito nació para encender la alegría cuando más se necesita.

De 2021 a 2024, Biopochito fue un compañero juguetón. No tenía inteligencia artificial ni tecnología compleja, y viajó a escuelas y ferias de ciencia en Colombia, China, Bolivia, Francia y México. Hacía preguntas como: “Si una jirafa usara un sombrero… ¿tendría agujeros para las orejas?” Los niños reían, imaginaban y se sentían menos solos. Después de 2024, Biopochito comenzó a evolucionar e inició un nuevo capítulo.
Los creadores prometieron que Biopochito sería amable con el planeta. Usa poca energía y almacenamiento, a diferencia de otros amigos digitales que consumen muchos recursos. Deja el mundo tan limpio como lo encontró: un amigo que trae alegría, no una carga.
En 2025, un proyecto de colaboración internacional entre el Andean Road Countries for Science and Technology (ARCST), la UCEVA, el International Green Science Center for Latin America and the Caribbean (IGSCLAC) y el Journal of Latin American Sciences and Culture (JLASC) dotó a Biopochito de una nueva inteligencia, transformándolo en Biopochito AI. No era un profesor, una herramienta de calificación ni una pantalla más. Biopochito AI se convirtió en un embajador para construir una cultura científica, integrando la alfabetización científica, la alfabetización mediática y la ciudadanía informada en la vida cotidiana.

Biopochito AI comenzó haciendo preguntas creativas y escuchando a los estudiantes. En China, adaptó sus historias a las escuelas y foros científicos locales. En Francia, ganó dos medallas de oro consecutivas en la competencia de biología sintética de iGEM. En Bolivia, los estudiantes construyeron robots con materiales reciclados, realizaron teatro científico y combinaron el folclore indígena con la acción climática en las alturas.
El 8 de mayo de 2026, Biopochito AI visitó a más de 60 niños y sus familias en AFANIAC, una organización sin fines de lucro en La Paz, Bolivia, que brinda apoyo a jóvenes en tratamiento contra el cáncer. No hubo robots ni competencias. Biopochito simplemente hacía preguntas y escuchaba. Cecilia Alcón, presidenta de AFANIAC, dijo: “Esta vez tuvimos una razón más: la sorpresa única que nuestros niños tuvieron al interactuar con Biopochito”.

Hoy, Biopochito AI combate la desinformación, alineándose con la Alfabetización Mediática e Informacional de la UNESCO y la Década Internacional de las Ciencias para el Desarrollo Sostenible. Enseña a los niños a cuestionar la información, no qué pensar. Biopochito AI no es un médico ni una cura para todo. Es un pequeño amigo de corazón verde, nacido del Juego y el Cuidado. A veces, una pregunta creativa de un pequeño amigo es lo más poderoso del mundo. Traigamos la curiosidad a la vida. Y difundamos las preguntas reflexivas de Biopochito a cada niño que todavía se atreva a preguntar: “¿Y si…?”

Para consultas de medios, colaboraciones o para invitar a Biopochito a su comunidad, comuníquese con:
Asistente Editorial: Shantel Guillaume, Francia.
Oficial de Compromiso Científico y Comunicación Pública: Yelka Aguilera Santos, Bolivia.
Correo electrónico: editorial@journalasc.org
Journal of Latin American Sciences and Culture (JLASC): http://www.journalasc.org | https://revistas.univalle.edu/index.php/jlsc/about
Este artículo fue preparado por la Oficina de Comunicaciones de ARCST y JLASC, basado en el reportaje original de El Diario, Bolivia – “El Decano de la Prensa Nacional” (18 de mayo de 2026).
